cunctatio

Archive for the ‘ciudad’ Category

Cañada Real, también aquí hay amores.

In ciudad, combate, comunidad, cosmos y cabaña, cunctatio, existencias posibles, extranjero, nuevas sensibilidades, ruinas y restos, separaciones mundanas on febrero 22, 2011 at 11:52 am

¡No más derribos! ¡Ninguna familia sin vivienda! Por una solución digna y justa.
No somos delincuentes. No nos juzgues, conócenos.
Somos los implicados, hablad con nosotros.
Nosotros solo llegamos. También aquí hay amores. También aquí sentimos.

v

La plataforma

Más fotos

::Crónica de la Asamblea de vecinos y vecinas de la Cañada Real::

Alrededor de mil vecinos de la Cañada Real Galiana han realizado una manifestación compuesta de dos cabeceras que salían de diferentes puntos (sector 6 y sector 4) juntandose en la primera vivienda derribada en el año 2007, en el sector 5, reconstruida posteriormente gracias a la ayuda de muchos habitantes. Sobre esa vivienda pesa una nueva amenaza de derribo inminente por parte del Ayuntamiento de Madrid.

Los manifestantes portaban pancartas en árabe y en castellano reclamando la paralización de todos los derribos como primera medida de urgencia que acabe con la angustia permanente con que viven los vecinos. A partir de ahí solicitan un diálogo con participación vecinal real que aborde la situación general de la cañada real.

El acto ha terminado con una comida popular, con platos de paella y cus-cus, y música de las distintas culturas que conviven en la Cañada. También se han recogido firmas que serán entregadas a los Ayuntamientos de Madrid y de Rivas la semana que viene.


ASAMBLEA DE VECINOS DE LA CAÑADA REAL.

La haine


Themroc / aullido de júbilo

In ciudad, combate, comunidad, cosmos y cabaña, cunctatio, espíritu, existencias posibles, extranjero, máquina, nuevas sensibilidades, poética anterior, ruinas y restos, separaciones mundanas on octubre 14, 2010 at 4:05 pm

Dejaron tras de sí

In ciudad, comunidad, espíritu, existencias posibles, extranjero, poética anterior, ruinas y restos, separaciones mundanas, Tiempos on octubre 13, 2010 at 9:05 am

Cuando los pioneros se trasladaron al oeste, dejaron detrás de sí un rastro de desperdicios: carretas rotas, basura y animales muertos o moribundos. La senda del Oregón, Albert Bierstadt, 1869.

Quienes pasan al lado

In ciudad, combate, cunctatio, espíritu, existencias posibles, extranjero, nuevas sensibilidades, separaciones mundanas on octubre 10, 2010 at 10:13 pm

 

Dijo: Haceos transeúntes (quienes pasan al lado).

Evangelio de Tomás, 42

Juventud en Marcha

In ciudad, combate, comunidad, cosmos y cabaña, espíritu, extranjero, ruinas y restos, separaciones mundanas, Tiempos on octubre 9, 2010 at 10:42 pm

Criptobosques / Poética Anterior

In ciudad, comunidad, cosmos y cabaña, cunctatio, espíritu, extranjero, nuevas sensibilidades, poética anterior, ruinas y restos, separaciones mundanas, Tiempos on octubre 9, 2010 at 9:56 pm


Cryptoforestry Research



Cerro de la Gavia

In ciudad, combate, comunidad, cosmos y cabaña, cunctatio, poética anterior, ruinas y restos, Tiempos on septiembre 23, 2010 at 10:47 pm

Descargar PDF

Calexico – Patras – Calais – Bruselas / No border camp / Bruselas 25Sept/3Oct 2010

In ciudad, combate, espíritu, existencias posibles, extranjero, nuevas sensibilidades, separaciones mundanas on septiembre 23, 2010 at 8:59 pm

NO BORDER CAMP / Bruselas 25  Sept / 3 Octubre 2010

¡Kollilo; to-divvus; akno!

In ciudad, comunidad, cosmos y cabaña, espíritu, existencias posibles, extranjero, poética anterior, ruinas y restos, separaciones mundanas on agosto 24, 2010 at 10:57 pm

¡Kollilo; to-divvus; akno!

Av, mi shookarengro,

Mendi jal a drom

Mendi jal a drom


¡Mañana; hoy; ahora!

Ven, persona lenta,

Recorreremos el camino;

Recorreremos el camino.

Sentada en las escaleras de su vardo, elabora un soporte de madera para flores. 1912


Vardo gitano.

Una tienda bender.

Los nacimientos y las muertes tienen lugar en las bender. Las parturientas se introducen en la bender para dar a luz a sus hijos. Los ancianos y enfermos se meten en ella cuando llega su hora.

Ningún acontecimiento puede ensuciar el vardo.


Construcción de una tienda bender. Con ramas de avellano. Detrás, en la imagen, el vardo.

Cuando moría el patriarca, el cuerpo se ponía dentro de su vardo, junto con todas sus posesiones. Quemándose todo a continuación.


Muchachas y muchachos.


Elaborando cestas.


Policía deshaciendo el campamento.

DÉBOUTONS HORTEFEUX

DÉBOUTONS SARKOZY


Una nueva sensibilidad: gobernar el mundo VS habitar el mundo

In ciudad, combate, comunidad, cunctatio, espíritu, existencias posibles, extranjero, nuevas sensibilidades, separaciones mundanas, Tiempos on agosto 22, 2010 at 12:56 pm

La servidumbre es lo intolerable que puede ser infinitamente tolerado. En tanto es una cuestión de sensibilidad y que esta sensibilidad es inmediatamente política, no al preguntarse “¿por quién voy a votar? sino ¿es compatible mi existencia con eso?

[Nota de Le Monde] Estas son las respuestas a las preguntas que hicimos por escrito a Julien Coupat. Acusado el 15 de noviembre de 2008 de «terrorismo» con otras 8 personas detenidas en Tarnac (provincia de Corrèze) y en París, se le acusa de haber saboteado las líneas eléctricas de la SNCF [empresa de ferrocarriles].


¿Cómo vive su detención?

Muy bien gracias. Barras, caminatas, lectura

¿Puede recordarnos las circunstancias de su detención?

Una banda de jóvenes encapuchados y armados hasta los dientes se introdujo en nuestra casa por la fuerza. Nos amenazaron, nos esposaron y nos sacaron de ahí, no sin antes haber destrozado todo. Nos condujeron a bordo de potentes bólidos corriendo a más de 170 kilómetros por hora, en promedio, por las carreteras. En sus conversaciones, hablaban a menudo de un tal Sr. Marion [antiguo jefe de la policía anti-terrorista] cuyas hazañas viriles les divertían mucho, como la que consistía en abofetear en buena onda a uno de sus colegas en pleno brindis de despedida. Nos secuestraron durante 4 horas en una de sus «prisiones del pueblo», acribillándonos de preguntas en las que lo absurdo se disputaba con lo obsceno.

El que parecía ser el cerebro de la operación se disculpaba vagamente por todo ese circo, explicando que era culpa de los «servicios», allá en lo alto, en donde se agita toda suerte de gentes que tienen mucho en contra nuestra. Hasta el día de hoy, mis secuestradores siguen libres. Algunos sucesos recientes probarían incluso que siguen causando estragos con total impunidad.

Los sabotajes a las líneas eléctricas de la SNCF en Francia fueron reivindicados en Alemania. ¿Qué puede decir al respecto?

Al momento de nuestra detención, la policía francesa ya tenía en sus manos el comunicado que reivindica, además de los sabotajes que pretenden atribuirnos, otros ataques ocurridos simultáneamente en Alemania. Ese volante presenta numerosos inconvenientes: fue enviado desde Hannover, redactado en alemán y se hizo llegar exclusivamente a periódicos del otro lado del Rhin; pero sobre todo, ese comunicado no cuadra con la fábula mediática que nos atribuyen, la de un pequeño núcleo de fanáticos atacando al corazón del Estado al colgar tres pedazos de fierro en las líneas eléctricas. Tendrán, desde luego, mucho cuidado de no mencionar demasiado ese comunicado, ni en el proceso ni en la mentira pública.

Es cierto que con ello, el sabotaje a las líneas ferroviarias pierde mucho de su aura misteriosa: se trataba simplemente de protestar contra el transporte hacia Alemania, por vía férrea, de desechos ultraradiactivos y denunciar de pasada la gran estafa de «la crisis». El comunicado termina con un muy-SNCF «agradecemos a los viajeros de los trenes afectados su comprensión» ¡Qué tacto, hay que decirlo, el de esos terroristas!

¿Se reconoce en los calificativos de «movida anarco-autónoma» y «ultra-izquierda»?

Permítame ir más atrás. En la actualidad, vivimos en Francia el final de un periodo de congelamiento histórico cuyo acto fundador fue el acuerdo logrado entre los partidarios de De Gaulle y los estalinistas en 1945, para desarmar al pueblo con el pretexto de evitar «una guerra civil». Los términos de ese pacto podrían resumirse rápidamente como sigue: en tanto que la derecha renunciaba a sus acentos abiertamente fascistas, la izquierda abandonaba, en familia, cualquier perspectiva revolucionaria seria. Le ventaja que juega y disfruta la mafia sarkozysta es de haber tomado la iniciativa, y en forma unilateral, haber roto ese pacto relanzando «sin complejos» los clásicos de la reacción pura -acerca de los locos, la religión, Occidente, África, el trabajo, la historia de Francia o la identidad nacional.

Frente a ese poder en guerra que se atreve a pensar estratégicamente y separar el mundo entre amigos, enemigos y cantidades despreciables, la izquierda permanece tetanizada. La izquierda es demasiado cobarde, está demasiado comprometida, y para acabar pronto, demasiado desacreditada para oponer la menor resistencia a un poder al que, de su lado, no se atreve a tratar como enemigo y que le roba uno a uno sus más astutos miembros. En lo que toca a la extrema izquierda a-la-Besancenot, cualesquiera que sean su resultados electorales, e incluso saliendo del estado grupuscular en que vegeta desde siempre, no tiene perspectiva más atractiva que ofrecer que el gris soviético apenas retocado en Photoshop. Su destino es decepcionar.

En la esfera de la representación política, el poder en turno no tiene nada que temer, de nadie. Y por supuesto, no son las burocracias sindicales, más vendidas que nunca, las que van a importunarlo, burocracias que desde hace dos años bailan con el gobierno un ballet tan obsceno. En esas condiciones, la única fuerza que puede hacer frente al gang sarkozysta, su único enemigo real en este país, es la calle, la calle y sus viejas inclinaciones revolucionarias. Ella sola, de hecho, durante los motines que siguieron a la segunda vuelta del ritual plebiscitario de mayo 2007, supo colocarse un instante a la altura de las circunstancias. Ella sola, en Antillas o en las recientes ocupaciones de empresas o facultades, supo hacer escuchar otra palabra.

Este análisis sumario del teatro de operaciones debió imponerse muy pronto, puesto que los servicios secretos hicieron publicar desde junio 2007, mediante la pluma de periodistas a su servicio (y particularmente en Le Monde), los primeros artículos desvelando el terrible peligro que harían pesar sobre toda la vida social, los «anarcoautónomos». Se les atribuía, para empezar, la organización de los motines espontáneos, que, en tantas ciudades, saludaron el «triunfo electoral» del nuevo presidente.

Con esta fábula de los «anarco-autónomos», se dibuja el perfil de la amenaza en la que la ministra del interior se ocupó dócilmente, mediante arrestos selectivos y razzias mediáticas, a fin de darle un poco de carne y algunos rostros. Cuando no se puede contener más lo que desborda, aún se le puede asignar una celda y encarcelarlo. Ahora bien, la fábula de «alborotador» (casseur), en la que hoy día se confunde a los obreros de Clairoix, con los chavales de los multifamiliares, los estudiantes que realizan bloqueos y los manifestantes de las contra-cumbres, y que ciertamente es eficaz en la gestión cotidiana de la pacificación social, permite criminalizar los actos y no las existencias. Y por supuesto, se cuentan entre las intenciones del nuevo poder, atacar al enemigo como tal, en tanto enemigo, sin esperar que se exprese. Tal es la vocación de las nuevas categorías de la represión.

Importa poco, finalmente, que no se encuentre a nadie en Francia que se reconozca «anarco-autónomo», ni que la ultra-izquierda sea una corriente política que tuvo su momento de gloria en los años 1920 y que después sólo produjo inofensivos volúmenes de marxología. Por lo demás, el éxito reciente del término «ultraizquierda», que permitió a algunos periodistas apresurados catalogar sin esfuerzo a los amotinados griegos del último diciembre, debe mucho al hecho de que nadie sepa lo que fue la ultra-izquierda, ni siquiera que haya existido alguna vez.

En este punto, y en prevención de los desbordamientos que no pueden más que sistematizarse frente a las provocaciones de una oligarquía mundial y francesa acorraladas, la utilidad policíaca de esas categorías no será pronto más tema de debate. No sería posible predecir, sin embargo, cuál «anarco-autónomo» o ultra-izquierda gozará finalmente de los favores del Espectáculo, con el fin de relegar a lo inexplicable una revuelta que todo lo justifica.

La policía le considera como el jefe de un grupo a punto de volcarse al terrorismo. ¿Qué piensa usted?

Un alegato tan patético sólo puede resultar de un régimen a punto de volcarse hacia la nada.

¿Qué significa para usted la palabra terrorismo?

Nada permite explicar que el departamento de información y seguridad argelino, sospechoso de haber orquestado a sabiendas de la DST(1) la ola de atentados de 1995, no esté incluido entre las organizaciones terroristas internacionales. Nada permite explicar, tampoco, la súbita transformación de «terrorista» en héroe de la Liberación, en socio frecuentable para los acuerdos de Evian, en policía iraquí o en «talibán moderado» de nuestros días, en función de los últimos giros de la doctrina estratégica estadounidense.

Nada sino la soberanía. Es soberano, en este mundo, aquel que designa al terrorista.

Quien rechaza participar de esta soberanía se cuidará bien de responder a su pregunta. Quien codicie algunas migajas lo hará prontamente. Quien no se ahogue de mala fe encontrará instructivo el caso de dos ex-«terroristas» devenidos, uno primer ministro de Israel, el otro presidente de la Autoridad Palestina, los dos habiendo recibido, para colmo, el Premio Nobel de la Paz.

La vaguedad que rodea la calificación de «terrorismo», la evidente imposibilidad de definirlo no se deben a alguna laguna provisional de la legislación francesa, sino a que están al inicio de esta cosa que, ella sí, podemos definir muy claramente: el antiterrorismo, del que representan la condición de funcionamiento. El anti-terrorismo es una técnica de gobierno que hunde sus raíces en el viejo arte de la contra-insurgencia, de la guerra llamada «psicológica», para decirlo amablemente.

El anti-terrorismo, contrariamente a lo que quisiera insinuar el término, no es un medio de luchar contra el terrorismo; es el método por el cual se produce, positivamente, el enemigo político en tanto terrorista. Se trata, mediante todo un lujo de provocaciones, infiltraciones, vigilancia, intimidación y propaganda, mediante toda una ciencia de la manipulación mediática, de la «acción psicológica», de la fabricación de pruebas y de crímenes, mediante la fusión también de lo policíaco y lo judicial, de aniquilar la «amenaza subversiva», asociando el interior de la población, el enemigo interno, el enemigo político, al afecto del terror.

Lo esencial en la guerra moderna es esta «batalla por los corazones y los espíritus» en la que todos los golpes están permitidos. El procedimiento elemental aquí es invariable: individualizar al enemigo con el fin de separarlo del pueblo y de la razón común, exponerlo bajo los hábitos del monstruo, difamarlo, humillarlo públicamente, incitar a los más viles para abrumarlo con sus escupitajos, incitarlos al odio. «La ley debe ser utilizada simplemente como cualquier otra arma en el arsenal del gobierno y en ese caso, no representa nada más que una cobertura de propaganda para desembarazarse de miembros indeseables del público. Para lograr la mayor eficacia, convendría que las actividades de los servicios judiciales estén ligadas al esfuerzo de guerra de la manera más discreta posible», aconsejaba ya en 1971, el brigadier Frank Kitson [ex general del ejército británico, teórico de la guerra contra-insurgente], que algo sabía de esos menesteres.

Una al año no hace daño. En nuestro caso, el anti-terrorismo ha hecho el ridículo. En Francia, no están listos para dejarse aterrorizar por nosotros. La prolongación de mi detención por un tiempo «razonable» es una pequeña venganza fácilmente entendible a partir de los medios movilizados y de lo profundo del fracaso. Como también es comprensible el encarnizamiento un poco mezquino del «servicio secreto», a partir del 11 de noviembre [2008], para atribuirnos a través de la prensa los delitos más fantasiosos, o para apañar al más lejano de nuestros camaradas. Cuánta de esta lógica de represalias caracteriza a la institución policíaca y al pequeño corazón de los jueces, he ahí lo que habrán tenido el mérito de revelar, en tiempos recientes, las detenciones sistemáticas de los «conocidos de Julien Coupat».

Es preciso decir que algunos juegan, en este asunto, una buena parte de su lamentable carrera, como Alain Bauer [criminólogo]; otros, el lanzamiento de sus nuevos servicios, como el pobre Squarcini [director central de información interna]; otros más, la credibilidad que nunca han tenido y que nunca tendrán, como Michèle Alliot- Marie [ministra del interior].

Usted proviene de un medio bastante acomodado que podría haberlo orientado en otra dirección…

«Hay plebe en todas las clases» (Hegel)

¿Por qué Tarnac?

Vaya allá, así entenderá. Si no comprende, me temo que nadie podrá explicárselo.

¿Usted se define como un intelectual, un filósofo?

La filosofía nace como luto parlanchín de la sabiduría original. Platón entendía ya la palabra de Heráclito como fugada de un mundo extinto. A la hora de la intelectualidad difusa, no se ve qué podría definir “el intelectual”, sino es la amplitud del foso que separa, en él, la facultad de pensar de la aptitud de vivir. Tristes títulos, de verdad, que son ésos ¿Pero, para quién, precisamente, sería necesario definirse?

¿Usted es el autor del libro La insurrección que viene?

Este es el aspecto más asombroso de este proceso: un libro vaciado integralmente en la averiguación previa, interrogatorios donde intentan hacerte decir que vives como está escrito en La insurrección que viene, que manifiestas como lo preconiza La insurrección que viene, que saboteas líneas de tren para celebrar el golpe de Estado bolchevique de 1917, ya que eso se menciona en La insurrección que viene, un editor convocado por los servicios anti-terroristas.

En la memoria francesa, no se había visto de mucho tiempo atrás que el poder tuviera miedo a causa de un libro. Se tenía más bien costumbre de considerar que, en tanto los izquierdistas estaban ocupados escribiendo, al menos no hacían la revolución. Los tiempos cambian, evidentemente. La seriedad histórica regresa.

Lo que funda la acusación de terrorismo, en lo que nos concierne, es la sospecha de la coincidencia entre pensamiento y vida; lo que sustenta la asociación de malhechores, es la sospecha de que esta coincidencia no será dejada al heroísmo individual, sino que será el objeto de una atención colectiva. En forma negativa, ello significa que no se sospecha de ninguno de los que suscriben con su nombre tantas feroces críticas del sistema en lugar de poner en práctica la menor de sus firmes resoluciones; la injuria es mayúscula. Por desgracia, no soy el autor de La insurrección que viene -y todo este asunto debería acabar de convencernos acerca del carácter esencialmente policiaco de la función autor.

En cambio, soy un lector. Releyéndolo, apenas la semana pasada, entendí mejor la saña histérica que ponen, desde las alturas, en perseguir a los presuntos autores. El escándalo de ese libro es que todo lo que en él figura es rigurosa, catastróficamente cierto, y no cesa de comprobarse cada día más. Ya que lo que se revela, bajo la apariencia de una «crisis económica», de un «hundimiento de la confianza», de un «rechazo masivo de las clases dirigentes», es ante todo el final de una civilización, la implosión de un paradigma: el del gobierno que lo regula todo en Occidente – la relación de los seres con ellos mismos no menos que el orden político, la religión o la organización de las empresas. Existe, en todos los niveles del presente, una gigantesca pérdida de control frente a la cual ningún exorcismo policial ofrecerá remedio.

No es ensartándonos con penas de prisión, vigilancia exagerada, controles judiciales y prohibiciones de comunicar, en razón de que seríamos los autores de esa lúcida constatación, que lograrán que se desvanezca lo que ha sido constatado. Lo propio de las verdades es escapar, apenas enunciadas, de quienes las formulan. Gobernantes, de nada les habrá servido llevarnos frente a la justicia, todo lo contrario.

Está leyendo «Vigilar y castigar» de Michel Foucault ¿Ese análisis le parece todavía pertinente?

La prisión es evidentemente el sucio secretito de la sociedad francesa, la clave y no el margen de las relaciones sociales más presentables. Lo que aquí se concentra en un todo compacto, no es un montón de bárbaros en estado salvaje como se complacen en hacernos creer, sino el conjunto de disciplinas que tejen, por fuera, la existencia llamada «normal». Vigilantes, cantinas, partidos de fútbol en el patio, horarios, divisiones, camaradería, peleas, fealdad de las arquitecturas: se necesita haber pasado una temporada en prisión para conocer la medida exacta de lo que la escuela, la inocente escuela de la República, contiene, por ejemplo, de carcelaria.

Divisada desde este ángulo inatacable, no es la prisión, que sería un refugio para los fracasados de la sociedad, sino la sociedad presente la que aparece como una prisión malograda. La misma organización de la separación, la misma administración de la miseria mediante la moda, la tele, el deporte y el porno, reina como en cualquier parte, cierto, de modo menos metódico. Para terminar, esos altos muros no disimulan a las miradas nada más que esta verdad de una banalidad explosiva: son vidas y almas en todo parecidas las que se arrastran a uno y otro lado de las alambradas y a causa de ellas.

Si se persigue con tanta avidez los testimonios «de adentro», que expondrían al fin los secretos que la prisión encierra, es para mejor ocultar el secreto que ella es: aquel de vuestra servidumbre, a ustedes que son considerados libres mientras su amenaza pesa invisiblemente sobre cada uno de vuestros gestos.

Toda la virtuosa indignación que rodea la negrura de los calabozos franceses y sus suicidios a repetición, toda la grosera contra-propaganda de la administración penitenciaria, que monta en escena para las cámaras de los matones dedicados al bienestar del detenido y de los directores de cárcel celosos del «sentido de la pena», en resumen, todo ese debate sobre el horror del encarcelamiento y la necesaria humanización de la detención es viejo como la prisión. Hace parte, incluso, de su eficacia, al permitir combinar el terror que ella debe inspirar con su hipócrita estatuto de castigo «civilizado». El pequeño sistema de espionaje, de humillación y de exacción que el Estado francés dispone, más fanáticamente que ningún otro en Europa, en torno del detenido, no es siquiera escandaloso. El Estado lo paga diariamente centuplicado en los suburbios, y ello no es, por supuesto, más que el inicio: la venganza es la higiene de la plebe.

Pero la impostura más destacable del sistema judicial-penitenciario consiste ciertamente en pretender que está ahí para castigar criminales cuando no hace otra cosa que administrar los ilegalismos. Cualquier empresario -y no sólo el de Total-, cualquier presidente de consejo general -y no sólo el de Hauts-de-Seine-, cualquier tira, sabe lo que se necesita de ilegalismos para ejercer correctamente su oficio. En nuestros días, es tal el caos de las leyes que no se procura demasiado hacerlas cumplir y los antidrogas (stups), también, se cuidan de sólo regular el tráfico, y no de reprimirlo, lo que sería social y políticamente suicida.

La división no está, como pretende la ficción judicial, entre lo legal y lo ilegal, entre inocentes y criminales, sino entre los criminales que se cree oportuno perseguir y aquellos que son dejados en paz como lo requiere la policía general de la sociedad. La raza de los inocentes está extinta desde hace mucho, y la pena no es a lo que te condena la justicia; la pena es la justicia misma. Por ello, no hay ningún motivo para que mis camaradas y yo «clamemos nuestra inocencia», del modo en que la prensa se lanzó ritualmente a decir, sino que se trata de desbandar la azarosa ofensiva política que constituye todo este infecto proceso. He ahí algunas de las conclusiones a las que el espíritu es conducido leyendo Vigilar y castigar en la Santé. No resulta inútil sugerir, dado lo que hacen los foucaultianos desde hace 20 años con los trabajos de Foucault, de enviarlos en pensión algún tiempo, por acá.

¿Cómo analiza lo que le sucede?

Desengáñese: lo que nos sucede, a mis camaradas y a mí, le sucede también a usted.

Por lo demás, esa es, aquí, la primera mistificación del poder: nueve personas son perseguidas en el marco de un proceso judicial por «asociación de malhechores en relación con una iniciativa terrorista», y se supone que deberían sentirse particularmente concernidas por esta grave acusación. Pero no hay «caso Tarnac», no más que «caso Coupat» o «caso Hazan» [editor de La insurrección que viene]. Lo que hay es una oligarquía vacilante en todas las relaciones y que deviene feroz, como todo poder deviene feroz cuando se siente realmente amenazado. El Príncipe no tiene ya más sostén que el miedo que inspira, cuando su vista sólo excita en el pueblo, odio y desprecio.

Lo que hay delante nuestro es una bifurcación, a la vez histórica y metafísica: o bien pasamos de un paradigma de gobierno a un paradigma del habitar, al precio de una revuelta cruel pero transformadora, o bien dejamos que se instaure a escala planetaria este desastre climatizado donde coexisten, bajo la férula de una gestión «descomplejizada», una élite imperial de ciudadanos y masas plebeyas mantenidas al margen de todo. Existe entonces, sin lugar a dudas, una guerra, una guerra entre los beneficiarios de la catástrofe y aquellos que se hacen de la vida una idea menos esquelética. Nunca se ha visto que una clase dominante se suicide de buena gana.

La revuelta tiene condiciones, ella no tiene causa ¿Cuántos ministerios de identidad nacional, despidos a la moda Continental, razzias de sin-papeles o de oponentes políticos, chavales jodidos por la policía en los suburbios, o ministros que amenazan con privar de diplomas a quienes todavía se atreven a ocupar su facultad, serán necesarios para decidir que tal régimen, incluso instalado mediante un plebiscito de apariencias democráticas, no tiene ninguna razón de existir y merece tan sólo ser derribado? Es una cuestión de sensibilidad.

La servidumbre es lo intolerable que puede ser infinitamente tolerado. En tanto es una cuestión de sensibilidad y que esta sensibilidad es inmediatamente política (no al preguntarse “¿por quién voy a votar? sino ¿es compatible mi existencia con eso?), para el poder es una cuestión de anestesia, a la que responde con la administración de dosis cada vez más masivas de diversiones, de miedo y de estupidez. Y ahí donde la anestesia deja de funcionar, este orden que ha reunido en su contra todas las razones de rebelarse intenta disuadirnos mediante un pequeño terror afinado. Nosotros, mis camaradas y yo, no somos más que una variable de ese ajuste.

Sospechan de nosotros, como de tantos otros, como de tantos «jóvenes», como de tantas «bandas», de desolidarizarnos de un mundo que se hunde. Sólo sobre este punto no mienten. Afortunadamente, el hatajo de estafadores, de impostores, de industriales, de financieros y de chicas, toda esa corte de Mazarin bajo neurolépticos, de Luis Napoleón en versión Disney, de Fouché dominguero, que en este momento controla el país, carece del más elemental sentido dialéctico. Cada paso que dan hacia el control de todo los acerca a su perdición. Cada nueva «victoria» de la cual presumen, extiende un poco más ampliamente el deseo de verlos vencidos a todos. Cada maniobra por la que figuran reforzar su poder acaba por hacerlo odioso. En otros términos: la situación es excelente. No es el momento de perder el valor.

Entrevista hecha por Isabelle Mandraud y Carolinne Monnot

Apareció en la edición del 26 de mayo de 2009.

http://www.lemonde.fr/web/imprimer_…

Descampado madrileño / Eres dinamita

In ciudad, combate, comunidad, cunctatio, espíritu, existencias posibles, nuevas sensibilidades on agosto 19, 2010 at 9:57 am

Pólvora / Stukas

Estás desorientado y no encuentras lugar
Hay poca pasta en casa, se enfadó tu papá
Ya tienes veinte años no sabes qué es trabajar
Tu aspecto de pasota, simula en realidad
Que eres dinamita lista para explotar,
Tú eres dinamita que un día estallará.

Pólvora,
Pólvora, empiezas a estar harto
Pólvora, relájate muchacho
Pólvora, tú eres dinamita que un día estallará.

Las horas pasan lentas de tu casa al paseo,
No puedes salir con chicas, aunque no eres chico feo,
Has de fumar en gorra, nunca tienes un talego
Sólo podrías reunirlo, haciendo un trapicheo
Ya ni te acuerdas de escuelas ni maestros
Te montas rollos malos, cada día cuento nuevo.

Memorial “Vivant”

In ciudad, combate, comunidad, cosmos y cabaña, cunctatio, espíritu, existencias posibles, ruinas y restos, separaciones mundanas on agosto 19, 2010 at 8:17 am

“Memorial to 418 Palestinian Villages which were Destroyed, Depopulated and Occupied by Israel in 1948.” Tienda-refugio bordada , 2000. Emily Jacir.

La magia del relieve / Poner de manifiesto

In ciudad, combate, comunidad, cosmos y cabaña, cunctatio, espíritu, existencias posibles, extranjero, luces y sombras, ruinas y restos, separaciones mundanas on agosto 19, 2010 at 12:30 am

portada del libro la Mágia del Relieve

EL Verascope promete registrar la Verdad con una grandeza y relieve absolutos. Mettre en relief, poner de manifiesto. Se continúa así con el proceso de “enregistrement” total de la vida en el mundo. Una parte de la producción de imágenes se centra con gran éxito en una idealización de la vida, aparece un montaje de pequeñas escenas hedonistas en rincones hechos para la contemplación. Y otra parte de la producción sale directamente al mundo e intenta producir imágenes que se aproximen a algún tipo de verdad. El registro de los acontecimientos imprevistos, de los accidentes, de los lugares simbólicos más allá de occidente o simplemente de las costumbres de los pueblos son una puesta a prueba para la veracidad del Verascope.

Volver de nuevo a ver algunos de estos territorios.  A la mezquita en medio de un monte de olivos. La ciudad dividida y el territorio ocupado. La evidencia de lo que supone desalojar una vida.

El desmantelamiento de una tierra. Una mujer palestina abraza un olivo y se aferrada a su tierra, detrás se ve un camión militar israelí presto a usurparle su casa.

“Necesitamos un pueblo” Misiones políticas / España 1931-1936

In ciudad, combate, comunidad, cosmos y cabaña, cunctatio, espíritu, extranjero, luces y sombras, nuevas sensibilidades, poética anterior, ruinas y restos, Tiempos on agosto 11, 2010 at 7:33 pm

«Nos acostamos felices. Es muy posible que esta noche ellos sueñen con las playas del sur y nosotros con sus humildes chozas de barro y pizarra»

Extractos de «Necesitamos un pueblo».Genealogía de las Misiones Pedagógicas. María García Alonso.  Val del Omar y las Misiones Pedagógicas. 2003, Murcia Madrid, págs. 75-97.

Niños contemplando el “Niño Dios pastor”. Copia del original de Murillo realizada por Ramón Gaya para el Museo Circulante.

(…)

MISIONES CATÓLICO-FASCISTAS

Las Santas Misiones se habían intensificado en los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX, debido a la amenaza que suponía la proliferación en el campo español de movimientos revolucionarios y liberales, radicalmente anticlericales. La Iglesia enviaba a esta empresa a los predicadores más notables, buscando con ello encauzar de nuevo las conciencias erradas, en especial las campesinas, distraídas en devaneos socializantes que nada tenían que ver con la vida ultraterrena y ponían en peligro un estado de cosas que favorecía por igual al clero y a las clases dominantes. (…) Las actividades de la misión se prolongaban durante una semana: sermones,
procesiones, misas, confesiones y, en los momentos de mayor fervor religioso, se podía llegar a la acción directa contra los incrédulos o, en su caso, contra su producción intelectual. En 1890, por ejemplo, una misión en Gaucín (Málaga) acabaría con un acto en el que «se han recogido y arrojado al fuego más de cincuenta volúmenes, entre libros y folletos, cuya doctrina impía y obscena había producido no poco prejuicio en algunas almas incautas»

(…)

MISIONES REPUBLICANAS

Las misiones católicas continuaron sin interrupción incluso durante el quinquenio republicano, a menudo solapándose con otro nuevo tipo de misioneros que, en nombre de «la verdad, de la justicia y de la civilización», aparecía cargado con libros, gramófonos y extraños instrumentos ópticos. Éstos llegaban en un autobús repleto de cajas a modo de vendedores ambulantes. A veces iban a lomos de mulas como si entraran en Jerusalem, pero sus palabras sonaban muy distintas a las de los padres de la Iglesia. Al principio, las gentes no sabían cómo acoger a los visitantes y reproducían el mismo esquema ya aprendido de conducta ante los evangelizadores, aunque eran ahora los maestros los que orquestaban la participación popular. Desconfianza, alegría, desconcierto eran sus primeras impresiones. La llegada de estos nuevos «predicadores» era anticipada por el rumor de que eran «gentes de la República», vagamente relacionados con el Gobierno pero, en realidad, los vecinos desconocían quiénes eran y cuáles eran sus verdaderas intenciones. ¿Serían toreros? ¿Feriantes? ¿Titiriteros? En algunos casos su fama les precede: «A nuestra llegada, el pueblo, que está en fiesta, nos rodea y nos dice: “¡Aquí están los Republicanos!” “¡Vienen a hacernos la función!” A pesar de los esfuerzos del inspector y de los maestros nos reciben un poco como a una compañía de circo»

(…)


ESTRATEGIAS PARA CREAR UN PUEBLO

Tras el desastre de 1898, en que los españoles despertaron de su sueño de conquista, muchos fueron los intelectuales que especularon sobre las raíces del mal de España. Algunos, como Costa, buscaron hombres que pudieran dirigir la transformación de un Estado que se desmoronaba; otros, como Giner de los Ríos, centraron su atención en el pueblo. «Necesitamos un pueblo» —diría—, siguiendo el mismo razonamiento que años después, tras la revolución rusa, emplearía Lunacharski, primer Comisario para la Instrucción Pública:

Desde el primer momento sabíamos lo que queríamos. El esfuerzo revolucionario que acabábamos de hacer resultaría estéril si al mismo tiempo no provocábamos una profunda revolución en la mentalidad y en los espíritus. Nuestro programa era muy sencillo. De un lado, había que transformar aquellas masas incultas, cuya ignorancia había sido cuidadosamente cultivada en los tiempos del zarismo. Había que liquidar esa herencia… Y, por otra parte, había que preparar las futuras generaciones para que ellas fuesen en su día el más firme sostén de la República Soviética.

Las Misiones Pedagógicas nacen en un momento de gran complejidad en la vida política y cultural española. España acababa de hacer su pequeña revolución sin sangre con el apoyo masivo de los núcleos urbanos y la oposición de la población rural. El decreto que legaliza su actuación tiene fecha de 29 de mayo de 1931. Es, por tanto, una de las primeras iniciativas de la recién estrenada Segunda República. Según esta ley, el Gobierno «estima necesario y urgente ensayar nuevos procedimientos de influencia educativa en el pueblo […]. Se trata de llevar a las gentes, con preferencia a las que habitan en localidades rurales, el aliento del progreso y los medios de participar en él, en sus estímulos morales y los ejemplos del avance universal, de modo que los pueblos todos de España, aun los apartados, participen en las ventajas y goces nobles reservados hoy a los centros urbanos». Y añade: «Hay en este propósito, además del beneficio que la enseñanza nacional puede recibir, el deber en que se halla el nuevo régimen de levantar el nivel cultural y ciudadano, de suerte que las gentes puedan convertirse en colaboradores del progreso nacional y ayudar a la obra de incorporación de España al conjunto de los pueblos más adelantados. Con ello también se contribuirá a valorar y desenvolver virtudes raciales de dignidad y nobleza que han influido de manera decisiva en el establecimiento de la República mediante la admirable manifestación de espontánea y ejemplar ciudadanía».

(…)

Estas Misiones dependerían del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes y su sede se encontraría en el Museo Pedagógico. Estarían dirigidas por un patronato, que estuvo hasta su muerte presidido por Manuel B. Cossío, y una Comisión Central de la que formaron parte, entre otros, Domingo Barnés, Luis A. Santullano, Rodolfo Llopis, Antonio Machado, Luis Bello, Pedro Salinas, Ángel Llorca y Óscar Esplá. Ellos serían los responsables de la elección de nuevos colaboradores, de la selección de rutas a seguir y del nombramiento de delegados locales, que organizarían sus estructuras para asegurar la expansión misionera.

GRUPOS DE ARTE

Los instrumentos que se utilizarán para esta empresa serán de tres tipos. Para fomentar la cultura general, se creó

Servicio de Bibliotecas, fijas e circulantes (en las que participaron María Moliner, Juan Vicens, etc.) y, para estimular el gusto por la literatura, se realizaban en los pueblos lecturas de romances, poemas y relatos breves.

También se crearon las siguientes secciones itinerantes:

El Coro (dirigido por Eduardo M. Torner),

El Teatro del Pueblo (organizado por Marquina y después por Alejandro Casona),

El Museo Circulante (explicado por Sánchez Barbudo, Ramón Gaya, Luis Cernuda, etc.),

La Sección de Cine, con un cinematógrafo manejado por José Val del Omar,

El Retablo de fantoches (a partir de la improvisación en la misión a Galicia de Rafael Dieste)

Servicio de Música (seleccionada por Óscar Esplá) que prestaba gramófonos y discos de pizarra.
Para apoyar la cotidiana tarea pedagógica, se realizarían visitas a las escuelas rurales, con el fin de conocer sus necesidades más acuciantes, lecciones prácticas y excursiones educativas que dotaran de mayores recursos teóricos y metodológicos a los maestros.
Por último, era necesario reforzar la educación ciudadana por medio de reuniones públicas y conferencias en las que se debatieran los nuevos principios políticos que dirigirían el país: la democracia, el sufragio universal, la estructura del Estado republicano, etc.

(…)

ESPAÑA, REPÚBLICA DE TRABAJADORES

Como mostraría la Constitución que se promulgó en diciembre de ese año, la República, para ser viable, debía exigir al pueblo español una nueva conciencia de sí mismo. En primer lugar el Estado quedaba definido como «una República democrática de trabajadores de toda clase». Esta afirmación no era en modo alguno obvia. Había muchos españoles que, por distintos motivos, no tenían conciencia de pertenecer a una clase trabajadora, como por ejemplo la amplia mayoría de la población femenina o gran parte de los pequeños propietarios rurales que, aunque tan pobres como los obreros de las fábricas, se levantaban cada día con el orgullo de cultivar su propia tierra. Aún vivían en el «equívoco de considerarse como propietarios, siendo antes que nada trabajadores» y había que hacerles comprender «que su vida vale tanto como la de los demás hombres y que no es peor que la de los “señoritos”»


El disfrute de la cultura se había convertido en un derecho y asegurar su democratización era una atribución esencial del Estado. La gratuidad de los servicios prestados por las misiones a las poblaciones llenaría de estupor a su público. Tampoco ayudaba a aclarar esta imagen el papel de obreros de la civilización que representaban los jóvenes que se preparaban para actuar: «no se eleva demasiado nuestro prestigio ante el pueblo viéndonos maniobras en trabajos penosos: instalaciones del material de luces, abrir cajones, colocar bancos, etc». «Se trataba de un “espectáculo gratuito”, y sin duda por esto se atrajo el desdén adinerado de los grandes tratantes y las señoras. Pero no faltó en cambio la gente humilde, que rodeó a las Misiones de atenciones y cariño.» No siempre era así. Los pueblos tenían un fino olfato para detectar lo que no pertenecía a su clase y en ciertos lugares no ocupaban los improvisados asientos que se les habían preparado para ver más cómodamente la función. En algún sitio debía estar el truco y quizás el cobro llegara por la ocupación del espacio, como entendió perfectamente un avispado vecino que cortaba troncos y los alquilaba para servir de apoyo a los espectadores hasta que fue descubierto por los responsables de la misión. También a su manera misioneros y aldeanos representaban escenas propias de un sainete: «Todo carísimo, a veces hasta un extremo indignante. Como adivinaban que el dinero era del Estado, en un pueblo, Silván, por dos tortillas, un desayuno y dormir en una cuadra, hubimos de pagar 55 pesetas»
Al margen de estos problemas de cotidiana convivencia, «dar de balde» era para el Patronato parte de su proyecto de justicia social y sus colaboradores eran especialmente sensibles a este asunto.
«La biblioteca —dirá un participante en la misión a La Cuesta y El Carrascal (Segovia)— es la primera generosidad de que gozan en este pueblo. Nunca llegó allí objeto alguno. Y yo he puesto mucho cuidado en que la Misión haya resultado regalo total: he pagado la luz y he dado propina a los alguaciles»

(…)

LO QUE DEL PUEBLO DECÍAN LOS MISIONEROS CATÓLICOS

Para algunos misioneros (cristianos, católicos), no existía una cultura popular propiamente dicha que debiera ser valorada. Las aldeas eran lugares prístinos, carentes de todo conocimiento de la vida, que permanecían tristes y aisladas del verdadero saber, ignorantes de su propia deformidad. Sus cuerpos estaban enfermos —el bocio aparece en varias de las rutas visitadas—, y sus trajes eran antiguos y poco higiénicos.
Eran, además, comunidades donde la superstición impedía el progreso, manteniendo a sus habitantes sujetos a una existencia atávica cuya miseria había que erradicar. Muchos creían en brujas y tenían terror a las ánimas. Los misioneros, deliberadamente, desafiaban sus miedos y transgredían sus normas: «Mandamos pregonar que después de comer pueden bajar los que quieran al lugar de unos nogales que hemos elegido junto al barranco. Los hombres que vienen con las caballerías arrancan algunas ramas de nogal y las arrojan al sol, para conjurar el maleficio de la sombra de estos árboles. En toda esta región oímos que la sombra del nogal es mala»12.
La siguiente descripción, sacada del informe sobre la Misión a Navas del Madroño (Cáceres) (MPMP, pág. 37),  compendia las sensaciones que los herederos de la idea regeneracionista de pueblo percibían de los lugares visitados:

La impresión que se recoge de estos pueblos es de que existe en ellos una virginidad, de que se hallan por primera vez ante muchas cosas. Gentes infantiles que ahora despiertan después de un sueño de siglos y para quien es todo inédito, nuevo. Una avidez inmensa de saber, de enterarse de las cosas del mundo y de la vida. Es de notar el género de ignorancia en que se hallan estos pueblos. Es una ignorancia distinta de la que un observador ingenuo pudiera creer. No se trata de ignorancia de verdades particulares, de falta de noticias, de estar enterados al día de acontecimientos más o menos recientes; es algo distinto. Lo que ellos ignoran es toda esa serie de supuestos de nuestra cultura, los cimientos que sustentan y hacen posible nuestro saber. Por eso la primera y más angustiosa impresión que de ellos se recibe es que falta el terreno común para entenderse; que no hay, intelectualmente, convicciones comunes de donde partir. A falta de terreno común teorético, suple el que sí lo hay sentimental y espiritual. Desde el primer instante hemos sintonizado con ellos; hemos vibrado acorde, hemos sentido junto. Y esta atmósfera cordial es la que hace posible la Misión, la que hace que ellos escuchen atentos y adivinen lo que no entienden y que nosotros intuyamos de qué cosas debemos hablarles y con qué tono, con qué palabras y con qué voz.
Otra nota de extraordinario interés es la situación política. Existe una gran tensión, un vivo apasionamiento en torno a los problemas políticos, sociales y religiosos. Pero, en contra de lo que pudiera creerse en el primer momento, no existe un estado relativamente fijo de opinión, sino un pensamiento exaltado siempre, pero cambiante y contradictorio. La ignorancia mezclada con el apasionamiento (envenenamiento en algunos casos) hace que toda discreción sea necesaria. Y así, al explicarles la película “Granada”, que daba motivo para hablar del descubrimiento de América y de la unidad de España, era imposible nombrar a los Reyes Católicos. Tampoco pudimos recitar un romance acerca de la Virgen María, ni fue posible la audición de un disco de Canto Gregoriano.

(…)

…LO QUE DEL PUEBLO DECÍAN LOS MISIONEROS DE LA REPÚBLICA

Fui a ver al maestro y fuimos los dos a ver al médico, que se ofreció para hacer todo lo que le mandáramos. Fuimos los tres a ver al cura. “Si no estorbo —nos dijo—; porque ya sabe usted que ahora…” El cura fue a la mayor parte de las sesiones, nos oyó interpretar el laicismo de la República y cuando terminó la Misión se quedaba leyendo “El Emilio”, de la biblioteca de las Misiones. Visité a los concejales, uno por uno, en los barrios, y les expliqué mi viaje al amor de la lumbre. Y he aquí una buena lección para los que niegan inteligencia a los campesinos. Lo que yo les pedía era que citaran a la gente a la primera sesión, y me dijo uno de los concejales: “No, mire, primero reuniré a los vecinos y les diré de lo que se trata, porque vienen ahora algunos por aquí para formar sociedades y no se vayan a creer que es una cosa de esas.” Este y otros muchos casos nos lleva a la afirmación de que las Misiones son tan útiles para los que las dan como para los que las reciben. No es poco que los misioneros traigan a Madrid el descubrimiento de la inteligencia de los aldeanos. Pero es que descubren otras muchas cosas que se pueden resumir en el ver el campo como es, si es que tienen vista. Y esto es cosa que puede influir no poco en todas las direcciones. Aun hoy que ya se conoce mucho mejor, son tantos los descubrimientos a hacer en el campo que para la masa ciudadana resulta todavía una revelación.

La positiva valoración del sentir campesino parte de su consideración como auténtica alma de la cultura, traicionada por los valores urbanos. Su curiosidad e ingenuidad no nace de la ignorancia, de su existencia en un mundo vacío de conocimientos, sino de su pertenencia a una distinta tradición cultural que se enfrenta con el placer del descubrimiento de lo diferente, como en el caso de los niños de Tamajón: «Los niños lo aceptan todo con una naturalidad asombrosa, y, sin deslumbrarse, buscan con interés de aprendizaje las causas; siguen con atención una película, pero también se interesan, acaso más, por el manejo del aparato, cómo se pone la película, cómo se gradúa la luz y la velocidad; sienten junto a la alegría de ver el goce de comprender» (Misión a Valdepeñas de la Sierra, MPMP, pág. 34). Juan de Mairena, alter ego de Antonio Machado, coincide con esta consideración: «Tenemos un pueblo maravillosamente dotado para la sabiduría, en el mejor sentido de la palabra; un pueblo a quien no acaba de entontecer una clase media, entontecida a su vez por la indigencia científica de nuestras universidades y por el pragmatismo eclesiástico, enemigo siempre de las altas actividades del espíritu. Nos empeñamos en que este pueblo aprenda a leer, sin decirle para qué y sin reparar en que él sabe lo poco que nosotros leemos»

(…)

…UN AGRADECIMIENTO ARTÍSTICO Y POPULAR

Un ejemplo de esa existencia de arrabal urbano que tenían algunos pueblos en proceso de reubicación cultural, duramente censurada e incomprendida en las memorias enviadas al Patronato, lo encontramos en Puebla de la Mujer Muerta (Madrid), donde un grupo de mozos quiso corresponder a los visitantes cantándoles una ronda. «Constituyó para nosotros uno de los espectáculos más extraños que jamás hemos contemplado: llevaban como instrumentos un triángulo, que golpeaban monótonamente para acompañar la canción —si así podemos llamar a una especie de aire de jota castellana muy tosca que canturreaban con voz ronca—, una balanza cuyo papel efectivo en la orquesta no pudimos comprobar, así como tampoco el de una cubierta de automóvil. Tañían también una vihuela primitiva y otro instrumento que no recordamos. Sin duda trataban de hacernos un homenaje, para lo cual iban aquellos hombres provistos de los elementos más raros y significativos del lugar. La cubierta de automóvil la usaban para fabricar abarcas. Así del automóvil como del cine, de la ciudad y de otras cosas tenía esta pobre gente una idea remota, que correspondía a los despojos de la civilización que allí llegaban.»

(…)

…APRENDED A SER NUESTRO FUTURO

Existía una contradicción, quizás intencionada, en los mensajes que el pueblo podía recibir de los misioneros. Por un lado, el cine y las conferencias científicas les hablaban del mundo moderno que se estaba construyendo al margen de ellos. Por otra, se les recitaban romances viejos, canciones que en algún momento surgieron de un sentir popular y habían sido olvidadas, mezcladas con la nueva poesía de Juan Ramón, García Lorca o Antonio Machado, que reinterpreta los motivos de anónimos poetas anteriores. Santullano, al explicar el sentido de las misiones, afirma que «lo que se pretende es que el campesino, sin desligarse de la tradición, halle el modo de dar un sentido moderno asu existencia en el lugar apartado. […] Ha de partirse del momento actual y ayudar a que despierten, desenvuelvan y perfeccionen, siguiendo la propia línea de actuación los gérmenes y energías raciales que en otro tiempo produjeron las bellas y simples manifestaciones de arte popular que hoy admiramos, y que, dentro de un ambiente favorable, puedan cuajar un día en un estado de cultura, interesante, original y plena.»

Sois nuestro pasado, nuestra inspiración —parecía decir con esto—, aprended a ser nuestro futuro.
En las aldeas las gentes eran sensibles a estos mensajes. «La poesía les produce un extraño respeto, traducido en el silencio más hondo de la sesión; la sienten en totalidad, sin análisis, y la aplauden con calor, raramente la comentan. La música, aun la que para ellos es desconocida, les despierta ecos, la acompañan con movimientos de cabeza, se unen inmediatamente a ella. El cine les divierte y les deslumbra, desata el chorro de los comentarios; todos hablan y todos imponen silencio a los demás. De la poesía prefieren la lírica a la narrativa, y de los romances los de sabor villanesco a los heroicos y maravillosos. De la música prefieren la voz humana a la instrumental. Del cine les interesa más lo conocido que lo exótico; les deslumbra la aparición de una gran ciudad, pero si en una ventana de la gran ciudad aparece un gato, les alegra la aparición del gato. Y sobre todo el cine fantasista de dibujos, que nunca comprenden bien la primera vez» (Misión a Valdepeñas de la Sierra, Guadalajara, febrero 193217).

(…)

PRODUCTORES

Un gato en una ventana de celuloide hacía verosímil la ilusión de ser protagonistas de la alta cultura. La ciudad podía ser un engaño, pero el gato sin duda era real. Era idéntico al que se sentía bufar detrás de los ratones en la bodega y, sin embargo, allí estaba: convertido en arte. Este milagro se completaría cuando los misioneros comenzaran a rodar imágenes de las tierras y las gentes visitadas. «Entonces [en 1932] se impresionó una película en esta comarca, la cual ha habido ocasión de proyectar en las sesiones de esta segunda misión en los pueblos donde interesaba conocerla. Dicha película fue acogida con alegría maravillada; su propio ambiente, sus paisajes, sus tipos y fiestas, vistos en la pantalla, causaron un asombro y un gozo a aquellas gentes, difícilmente explicable: el gozo de reconocerse, de revivir la vida con la sorpresa de ver encuadrado un paisaje por donde sus ojos resbalaron tantas veces sin advertir su ordenación de cuadro.»




Las misiones pedagógicas no eran más que una pequeña cesura en el ritmo de las estaciones. Marcaban para los pueblos un momento arbitrario para el disfrute de la belleza ajeno al ciclo agrícola de la vida. Para Cossío, la cultura era, como el juego, «un refugio contra las asperezas del duro vivir y hasta un consuelo de sus iniquidades», una de las pocas esferas de la actividad «que a nada útil conduce; aquélla en que todo el producto se resuelve en placer, y aquella en la cual necesariamente, si falta la libertad, falta su esencia»
. En las ciudades los estímulos sensoriales y el disfrute de lo bello — en definitiva la emoción laica—, se producen de un modo desordenado, sin pautas. Se van «atesorando en cada momento, día tras día, sin saberlo, de un modo libre y ocasional, en libros, periódicos, conversaciones, trato familiar y amistoso, en el comercio humano con espíritus superiores, en los espectáculos, en los viajes, en la calle, en el campo».20 Para suplir esas carencias, las misiones deben tener, como principal propósito, «despertar el afán de leer en los que no lo sienten, pues sólo cuando todo español, no sólo sepa leer —que no es bastante—, sino tenga ansia de leer, de gozar y divertirse, sí, divertirse leyendo, habrá una nueva España»

(…)

…PROPAGANDA

El importante papel del arte como herramienta de propaganda ideológica fue magistralmente explicado en un artículo de Lunacharski, escrito en torno a 1922:

Si la revolución puede dar al arte un alma, el arte puede darle a la revolución su boca.
¿Quién no conoce la fuerza de la propaganda? ¿Qué es la propaganda, en qué se diferencia de la clara pero algo fría publicidad, de la exposición objetiva y metódica de los hechos y de construcciones lógicas?

La propaganda se distingue de la publicidad en que ante todo inquieta los sentimientos de quienes la oyen o la leen, e influye directamente sobre su voluntad. Por decirlos así, caldea el contenido del mensaje revolucionario y le obliga a resplandecer con todos los colores.
¿Puede existir alguna duda de que cuanto más artístico sea el mensaje más fuerza tendrá su actuación? ¿Acaso no sabemos que el orador artista, el artista publicista encuentra con mucha mayor rapidez el camino del corazón que el hombre falto de fuerza artística?
Conocemos esto perfectamente, y el gran propagandista colectivo, el predicador colectivo que es el Partido Comunista debe proveerse de todos los medios del arte, que de esta forma se convertirá en poderoso sostén de la propaganda. No sólo las pancartas, sino también, en una forma menos fugaz pero poseyendo más profundas ideas, los cuadros y las esculturas pueden resultar, por así decirlo, el medio patente para la asimilación de la verdad comunista.
El teatro ha sido llamado con tanta frecuencia gran tribuna, gran cátedra para la divulgación, que no vale la pena detenernos aquí en esta cuestión.
La música siempre ha jugado un importantísimo papel en los movimientos de masas: los himnos y las marchas son pertenencia indispensable de éstos. Sólo hay que desarrollar la fuerza mágica de la música y dar a sus orientaciones el más alto grado de determinación. […]
Las formas del arte que han surgido en época reciente, como por ejemplo el cinematógrafo, y en parte la rítmica, pueden ser utilizados con enormes resultados. […] La fiesta popular adornará con todas las artes del marco que la circunda, y este marco sonará con música y coros, expresará sus sentimientos e ideas con espectáculos en tablados, con canciones y declamación de poesías en distintos lugares, y con una multitud alborozada que lo juntará luego todo en una acción general.
Lunacharski, estrecho colaborador de Lenin, ocupó el Comisariado de Instrucción Pública de la URSS hasta 1929, cuando comenzó su labor en la diplomacia internacional. Murió en 1933 cuando se dirigía a ocupar su cargo de embajador soviético en España. Este puesto refleja de manera fidedigna la importancia que, dentro del marco internacional, se daba a la «revolución pedagógica» española, quizás necesitada ante los ojos comunistas de un mayor compromiso político.

Además de ser eminentemente laico, el proyecto misionero era especialmente vulnerable por su carácter antiprofesional y, en palabras de Cossío, «antipedagógico». En cierto sentido, el adjetivo «pedagógicas» sirvió para establecer un baremo erróneo con el que juzgar a las misiones, ya que hicieron pensar a los maestros que debían circunscribirse al ámbito escolar y a otros profesionales, como médicos, arquitectos o técnicos agrícolas, que se convertirían en escuelas ambulantes de capacitación. El objetivo de su patronato era menos ambicioso: se trataba más de despertar los sentidos de las gentes que de adoctrinarlos.

(…)

PLAYAS DEL SUR Y CHOZAS DE BARRO Y PIZARRA

Los debates parlamentarios mostrarían lo peregrino de esta idea. Ya que el pueblo no tenía sensibilidad artística, ni interés por las actividades del espíritu que desbordaran los límites de lo religioso, era inútil cultivarlos. Ya que nunca alcanzarían la universidad no era necesario acercarles la ciencia. La cultura, que siempre había sido un «artículo de lujo», no merecía regalarse a quien no supiera valorarla. Y las cifras se inclinaban a su favor. Este remedo de escuela de juglares, formada por jóvenes en diferentes etapas de formación, no podía llegar a todos los pueblos, no podía permanecer en ellos, no dejaba a su partida un saldo de conversos o de afiliados que pudiera contabilizarse. Era una frivolidad que algunas ancianas a las que nadie había oído cantar en cuarenta años, animadas por la música de los gramófonos, sacaran los almireces y recordaran las canciones de su infancia. También lo era que una mujer de una aldea, que nunca había tenido un libro, no se acostase hasta terminar la novelita que llevó su marido. O que un montón de niños, absortos ante una pantalla cinematográfica, se acercaran a ella intentando tocar a unos animales que se les transparentaban en la piel. O que los hombres, tras una dura jornada de trabajo en el mar o en el campo, participaran en una sesión de títeres de cachiporra, disfrutaran del teatro, se admiraran de unos cuadros que parecían personas vivas pegadas al lienzo. «Nos acostamos felices —dirá un misionero —. Es muy posible que esta noche ellos sueñen con las playas del sur y nosotros con sus humildes chozas de barro y pizarra». Éste era el modesto saldo de las misiones: la posibilidad de soñar con el mundo del otro.

Burgohondo. Ávila. 1932. Filme de las Misiones republicanas.

Extractos del Dossier de la Exposición en Madrid.

EL SERVICIO DE BIBLIOTECAS
En 1931 no había apenas bibliotecas públicas en España y ninguna escuela rural contaba con libros infantiles. La labor emprendida por el Patronato de las Misiones, en la que participaron de manera destacada María Moliner y Juan Vicens, fue la mayor campaña de lectura que jamás se hizo en España: se repartieron bibliotecas para adultos y niños por pueblos y aldeas a los que no se podía llegar en automóvil y donde no había luz eléctrica. En general, las colecciones de libros se instalaban en la escuela, y el Patronato las enviaba a los solicitantes cuando le constaba que quien se hacía cargo de ellas daba garantías de que funcionarían con eficacia.

EL MUSEO DEL PUEBLO
El Museo del Pueblo de las Misiones Pedagógicas —que explicaban, entre otros, Antonio Sánchez Barbudo, Ramón Gaya y Luis Cernuda—, se componía de dos colecciones itinerantes de pintura, cada una con catorce copias de cuadros de los pintores más famosos de la escuela española, realizadas en su mayoría por Juan Bonafé, Ramón Gaya y Eduardo Vicente.
Los cuadros se transportaban en fuertes cajas de madera, o en una camioneta especialmente acondicionada, y se exponían en los pueblos a los que se podía llegar. La colección iba acompañada por dos o tres misioneros a quienes el Patronato confiaba este encargo, que explicaban los cuadros a los campesinos. La función se acompañaba de un gramófono y aparatos de proyecciones fijas y cine. El Museo permanecía generalmente una semana en cada localidad, y a los visitantes se les obsequiaba con reproducciones de los cuadros, en fototipia o huecograbado; también se dejaban algunas fotografías de los cuadros expuestos, enmarcadas para las escuelas y centros obreros.

Museo Circulante


CINE DEL PUEBLO

En 1931, muchos campesinos desconocían la existencia del cine, y el anuncio de su llegada solía congregar a grupos de personas muy numerosos, que recorrían grandes distancias a pie para contemplar este prodigio. Con José Val del Omar y Cristóbal Simancas como responsables, el Patronato tenía únicamente dos aparatos de cine sonoro, y en la mayoría de las expediciones se proyectó cine mudo, acompañado normalmente de música de gramófono. Las películas eran de dos tipos: cómicas, de Charlot o dibujos animados, y documentales. Charlot en la calle de la paz, amenizada con el Septimino de Beethoven, fue una de las películas más vistas. El Patronato llegó a tener un fondo de cerca de quinientas películas y al menos quince documentales realizados por los servicios del Patronato.

EL CORO Y TEATRO DEL PUEBLO
El Teatro y el Coro del Pueblo estaban integrados por una cincuentena de estudiantes, dirigidos respectivamente por Alejandro Casona y Eduardo Martínez Torner. Llevaban un tabladillo de fácil montaje, de cuatro por seis metros, que rápidamente era ensamblado por los Las misiones pedagógicas 1931-1936 propios actores. Se quería acercar el teatro al pueblo, permitiendo el desarrollo de la farsa en medio de las gentes y en la plenitud del aire libre. El repertorio inicial se componía de piezas breves, elegidas entre los pasos y entremeses del teatro clásico (Juan del Encina, Lope de Rueda, Cervantes y Calderón de la Barca), a las que luego se fueron añadiendo otras, algunas de ellas adaptaciones que el propio Casona hacía de relatos clásicos, como el Entremés del mancebo que casó con mujer brava (escenificación con música y danzas del proverbio del Conde Lucanor).
El Coro llevaba un repertorio musical integrado por canciones recogidas del folclore en su más pura tradición. Además de cantar e integrar la música en algunas escenificaciones, los misioneros recitaban romances y, en ocasiones, letrillas de Góngora, así como aportaciones folclóricas de García Lorca. El romance de «La loba parda» fue emblemático en el recuerdo de muchos misioneros.

EL SERVICIO DE MÚSICA

Además de bibliotecas, la misión dejaba en algunos de los pueblos visitados un gramófono y una colección de discos —seleccionados por Óscar Esplá—, que eran renovados de vez en cuando. El material solía ser confiado al maestro. En las visitas de los misioneros se llevaba un gramófono, y antes de poner los discos se hacía un comentario sobre el compositor y la música que se iba a escuchar: tradicional, de distintas partes de España o de los grandes compositores clásicos. El Patronato editó una colección de discos, de los cuales cuatro recogían las canciones del Coro de las Misiones.

Explicaciones poético musicales.

EL RETABLO DE FANTOCHES
Como no era posible llevar el Teatro de las Misiones a todas partes y como dentro de las tareas «juglarescas» había, además de teatro y coro, recitación de romances y otras actividades, el Patronato se decidió a ampliar estos medios de expresión con la creación de un guiñol que llevó el título de Retablo de Fantoches. Este teatrillo se propuso cumplir las exigencias de un espectáculo culto sin renunciar a la frescura popular y al desenfado propios del género. La primera representación se hizo en Malpica (A Coruña) en octubre de 1933. El Retablo de Fantoches lo dirigía el escritor Rafael Dieste, quien lo surtió de farsas ideadas por él que, con Las misiones pedagógicas 1931-1936 el tiempo, transformó en comedias mayores. También, a petición de Cossío, hizo una adaptación del romance «La doncella guerrera».

OTRAS ACTIVIDADES
La dignificación de la profesión de maestro era un punto fundamental dentro del proyecto institucionista y se encuentra en la base de las iniciativas llevadas a cabo por el Patronato de las Misiones Pedagógicas.
El Patronato organizó varios cursos breves para maestros en los que las conferencias eran sustituidas por la conversación y el intercambio de experiencias, con objeto de reforzar la confianza de los profesionales en su propio esfuerzo e imaginación. Estos cursos se complementaban a menudo con exposiciones de trabajos escolares —un modelo sugerido para las escuelas rurales— o con propuestas que permitían aprovechar los entornos naturales o artísticos con fines didácticos. Éste era el sentido de las Misiones de Arte, que nacieron con el objetivo de «enseñar a los maestros a leer en la piedra». Otro recurso empleado por el Patronato para extender su acción cultural fue la radio. Sin embargo, las misiones radiofónicas, que aparecen en los primeros esbozos del diseño integral de las secciones del Patronato, presentaron enormes dificultades de tipo técnico, pues gran parte de las poblaciones rurales carecía todavía en los años treinta de luz eléctrica y, en el caso de contar con ella, su potencia era muy escasa.

(…)

LA GUERRA CIVIL
Con el comienzo de la guerra civil se paralizaron las actividades de las Misiones Pedagógicas. De julio a septiembre de 1936, los misioneros que se encontraban en Madrid y que no habían marchado al frente formaron catorce equipos de tres personas y realizaron algunas actuaciones. En octubre se nombró dentro del Patronato una Comisión de Propaganda Cultural. Su archivo gráfico y fílmico se empleó a partir de entonces en acciones culturales en defensa de la República. La utilización de las fotografías de las Misiones en los fotomontajes de Renau en el pabellón español de la Exposition Internationale des Arts et Techniques dans la Vie Moderne de París, en 1937, sirvió para sensibilizar a amplios sectores de la intelectualidad europea sobre el desastre que vivía España. Desde Valencia, la infraestructura creada por el Las misiones pedagógicas 1931-1936 sistema bibliotecario de las Misiones Pedagógicas continuaría funcionando casi hasta el fin de la contienda. El destino que corrieron las más de 600 personas que en un momento dado formaron parte de las Misiones Pedagógicas fue muy variado. Algunos misioneros murieron asesinados nada más comenzar el conflicto; otros se enrolaron en las Milicias de la Cultura o en las Brigadas Volantes; otros fueron encarcelados, expedientados o marcharon al exilio. Y también hubo algunos que se integraron en las filas franquistas.