cunctatio

Little Sparta / El combate de la historia

In combate, cosmos y cabaña, cunctatio, espíritu, extranjero, nuevas sensibilidades, poética anterior, ruinas y restos, Tiempos on agosto 10, 2010 at 1:26 pm

Algunos extractos del artículo: Ian Hamilton Finlay. El jardín como figura poética. Yves Abrioux. Traducción de Chusa Hernández. El Paseante. Nº 13. 1985.

En rojo, citas de Finlay extraídas del website Little Sparta.

Apollon Terroriste. La crueldad mostrada por el dios, por ejemplo, al desollar a Marsias flautista que desafía su supremacía musical, se compara con la adhesión de Saint-Just la implacable terror como instrumento de supremacía revolucionaria.

THERE IS HAPPINESS

LITTLE FIELDS

LONG HORIZONS

LITTLE FIELDS LONG

FOR HORIZONS

HORIZONS LONG

FOR LITTLE FIELDS


Ubicado junto a una sombría zona de zócalos de piedra gris, a lo largo de la pared de la casa hay dispuestas cuatro columnas simples. Cada una lleva una inscripción -Libertad- -Igualdad- -Eternidad- -1793-  Las primeras dos palabras indican de manera inmediata la Revolución Francesa, pero el cambio de la Fraternidad a la Eternidad se explica por la fecha – 1793 fue el año en que el Comité de Seguridad Pública decidió hacer del terror, el medio a partir del cual preservar la Revolución, enviando a miles de personas a la eternidad en la guillotina.


(…) Conviene empezar por desbaratar la idea que podríamos habernos hecho de los jardines (incluído el de Finlay) son lugares cercados y protegidos en los que se busca el aislamiento del mundo hostil. Porque Little Sparta no es de ningún modo un refugio de este tipo. Como lo afirma el propio Finlay: ” Erróneamente se dice de ciertos jardines que son refugios, cuando lo que son es ataques”. En este artista, jardinería, poética y estética se mezclan para producir no un microcosmos cualquiera, más o menos alejado del mundo, sino un verdadero racimo de significados en contacto directo con el estado actual de nuestra cultura. Ahí reside la importancia del trabajo de Finlay, y eso es lo que impide que su obra se pierda en la abundancia de sus formas.

Lo que se encuentra en Little Sparta es todo lo contrario de una sencillez “natural”, ya que el dominio de Finlay es, ante todo, un jardín de sorpresas. Sin duda habría que rastrear su genealogía hasta el siglo XVIII para ver una de las fuentes de esta estética de la sorpresa en lo pintoresco, que distinguía cuidadosamente la vista de la motricidad y proponía un modelo de mirada no estático sino peripatético. Digamos simplemente que si descubrir un emblema en el jardín de Little Sparta (o incluso leer una inscripción en él) implica un esfuerzo seguro, esto constituye la réplica en el plano físico de lo que puede tener de arduo el desciframiento de las obras del artista. En efecto, en Little Sparta se encuentran pocos efectos de significado inalterable. Los pocos bancos (siempre con una inscripción grabada) instalados en el jardón son en su mayoría obras de hace bastante tiempo. Hoy el visitante debe abrirse camino a través de frondosas arboledas o incluso apartar hierbas, hojas o flores para descubrir las obras que se esconden tras ellas. (…)

Estilo hegeliano. La formación de un vínculo entre una parte del jardín y otro estilo tiene cuatro elementos: dos pasos hábilmente dispuestos, junto con la imposición de un puesto y una inscripción con imaginación elegante, a un lado

TESIS
valla

ANTÍTESIS
puerta

y al otro

SINTESIS
estilo

ECLOGUE
FOLDING
THE LAST
SHEEP

Una serie de trabajo ilustra bien lo que oculta este acercamiento, que el visitante puede considerar un desafío. Pîenso en el uso que hace Finlay de un material iconográfico tomado de la Segunda Guerra Mundial (a veces, en particular, de la alemania nazi) Utilizando de nuevo este material, el artista combate cuestiones cruciales para una buena comprensión de nuestra cultura más de dos veces milenaria. A este respecto evoca una frase en la cual el poeta visionario William Blake se preguntaba sobre Homero y Virgilio. Para Blake, los responsables de la cultura guerrera occidental no fueron de ninguna manera los bárbaros o los religiosos, sino los clásicos:

“¡Los clásicos! ¡LSon los clásicos y no los godos ni los monjes quienes asolan Europa con guerras!”

Esta tablilla de piedra sugiere una manera de apreciar el paisaje del estanque, árboles, pastos y trabajos en piedra, en esta parte del jardín. las pinturas de Claude Lorrain a menudo se las ingenian para mostrar los escalofríos y crujir de las hojas de los árboles, mientras que en contraste las pinturas de Nicolas Poussin, en escenas similare,  hace hincapié en sus cualidades de quietud y  perfección.

Estudiando la guerra e introduciendo ingenios de muerte en su jardín, Finlay no hace más que incitarnos a que nos preguntemos sobre los valores guerreros y heroicos que arrastra desde siempre nuestra cultura (como lo atestiguan con brillantez esos texgtos canónicos que son las epopeyas homéricas) ¿Qué ha sido de esos valores a finales de un siglo XX que ha conocido los horrores que todos sabemos? ¿Qué ha sido, pues, de nuestras tradiciones artísticas y de su capacidad de examinar nuestra civilización? En el contexto actual, ¿constituye la vanguardia -concepto artístico que hace un uso irreflexivo de una metáfora militar -algo más que una irresponsable huída hacia delante?

En su jardín, Finlay desarrolla una estética a la vez pastoral y épica que impide que su obra sea puramente elegíaca. Sus emblemas de la muerte reanundan la tradición de los memento mori, tal y como la ilustra la pintura paisajística después de Poussin, en las variaciones obre Et in Arcadia Ego: Yo (la muerte) estoy presente incluso en la Arcadia. Finlay ha mencionado a menudo este tema evidente en la tradición pictórica que procede del Renacimiento. Si en este contexto hace uso del camuflaje y su iconografía da una vuelta de tuerca suplementaria a la estética del terror, es porque hoy es necesario oponerse a la vulgata postromántica que ha vuelto trivial nuestra visión de la naturaleza. Mientras que en los albores del romanticismo un poeta inglés podía afirmar:

“La naturaleza es el diablo con un chaleco elegante”

Finlay, sutil conocedor de las perversiones sufridas por el mito de la naturaleza en el siglo XX, se siente obligado a “traducir”:

“La naturaleza es un soldado de asalto camuflado de granjero”

Pirámide con la inscripción 1774 – 1840, nacimiento y muerte de Caspar David Friedrich.

La “traducción” de Coleridge hecha por Finlay es alegórica. Esto nos permite abordar un aspecto esencial de su obra. Lo cierto es que la alegoría tiene mala prensa. Desde el romanticismo se condena su carácter artificial y se prefiere un simbolismo pretendidamente natural. Pero es precisamente este artificio donde reside el interés de la alegoría. La resistencia que ésta opone a la lectura -su aspecto enigmático o incluso ridículo- nos obliga a reflexionar sobre nuestros procedimientos de interpretación.

El artista nos ofrece pues obras de un impacto verbal o visual a veces dificilmente soportable. (…) Recurriendo a la alegoría, Finlay recupera la dimensión propiamente filosófica de la agudeza. Wit y Witz navegan tras el Atheneum en los márgenes de la dialéctica, en busca de una lógica -de una manera de vincularse a lo real- que no sea tributaria de la demasiado célebre substitución hegeliana (Aufhebung) que devora todo en su marcha triunfal. El impacto inmediato, pero también poético y filosófico, del Jardín de Little Sparta debe ser, pues, una disciplina para la vista y una alegría para el espíritu, tanto en su dimensión idílica como en sus aspectos militares.

En el jardín, la cuestión del emblema y la alegoría (resumiendo: de la interpretación) no se reduce, sin embargo, a la aridez de un trabajo literario en un marco verdeante. La alegoría de Finlay y las digresiones de las que se sirve animan incluso su estética paisajística: por ejemplo, en la incompatibilidad aparente entre la voluntad de invocar sistemáticamente los orógenes meridionales de nuestra civilización y el rudo páramo septentrional que acoge con dificultad el jardín (…) porque no oculta que es un jardón transplantado, siendo este transplante la expresión paisajística de la translatio neoclásica: la transportación de los valores clásicos lejos de la cuna mediterránea de nuestra cultura.

Little Sparta es también lo que los paisajistas del siglo XVIII denominaban una “granja ornamentada” término que subraya una vez más la distancia existente entre la realidad del tearreno -una pequeña granja al sur de Escocia- y la cultura (en el sentido no-agrícola) que inspira su ornamentación: el neoclasicismo. En fin, Little Sparta es una propiedad minúscula que logra evocar extensas extensiones y, con ello, consigue poner en crisis nuestras nociones de escala y medida. (…) tampoco es casualidad que un monumento situado en el extremo de uno de sus estanques esté dedicado a Saint-Just. En su base se puede leer una frase del joven revolucionario francés que declaraba que el mundo había estado vacío desde los romanos. La reducción de escala llevada a cabo por Finlay recorta, pues, el distanciamiento temporal, al aunar la perspectiva sobre el terreno con la perspectiva histórica. Así, Finlay evoca de nuevo la traslación de los valores tanto éticos como estéticos.

Seis bases de las columnas de piedra con árboles que crecen de ellos se ubican entre otros árboles sin adornos. Las bases son sencillas y clásicas, en sintonía con los ideales de la Revolución Francesa, con los cuales cuatro de ellos están directamente vinculados por la talla de sus nombres en las bases. El efecto es el de un monumento a los hombres y sus ideas o sentimientos, como el árbol de vida toma el lugar de una columna de piedra. Los nombres son Rousseau, Corot, Michelet y Robespierre.
Las otras dos columnas de árboles en el Jardín Salvaje se dedican a Nicolás de Cusa, el siglo 15 platónico y Caspar David Friedrich, el pintor romántico alemán también rindió homenaje en el Jardín del arbolado.

En Little Sparta el juego del espíritu no exige, pues, de ninguna forma una reducción puramente conceptual. Los efectos pictóricos aportan además una contribuición determinante. Así, la visión de un segundo estanque, con sus árboles y su  monumento, evoca la obra de Corot: me refiero al Corot septentrional al que son sensibles los británicos, al Corot cuyo neoclasicismo postromántico está tan alejado de las fuentes del clasicismo (mucho más que la obra de Lorrain, por ejemplo)

En este mismo contexto es donde se inscribe audazmente la decisión tomada por Finlay en los años setenta de reanudar la tradición de los templetes. La inscripción de la fachada del templo de Apolo en Little Sparta subraya lo que puede tener de problemático el hecho de invocar -en nuestros días y con nuestro conocimiento de causa- a la divinidad epónima de la belleza clásica:

A APOLO -SV MVSICA-SVS MISILES-SVS MVSAS

Si los atributos de Apolo eran el arco y la lira, la traducción moderna de Finlay muestra la inquetante extrañeza de la que está imbuido el lirismo de nuestro mundo desacralizado.

Lo sagrado invocado en el templo de Little Sparta noreviste exclusivamente, sin embargo, un aspecto fulminante. Si la habitación principal del edificio está básicamente dedicada a la Revolución Francesa, lo que allí se celebra. a través de una serie de utensilios emblemáticos, es sobre todo la dimensión bucólica de este momento histórico. Finlay ve en la Revolución una epopeya pastoral cuyo Virgilio fue Rousseau: una epopeya espiritual cuyo imaginario campestre le permite de nuevo estudiar nuestras tradiciones iconográficas y examinar lo impensado de nuestras tradiciones sobre la naturaleza.

(…)

Finay ha producido algunos ejemplos notables de poesía permutatoria, elemento esencial del formalismo poético que caracterizaba la poesía concreta. Una importante obra de principios de los ochenta se refiere claramente a este aspecto de la experimentación neomodernista. Hoy existen varias versiones (en distintas lenguas) diseminadas por países europeos.

Obra monumental inscrita en fragmentos de piedra, THE PRESENT ORDER IS THE DISORDER OF THE FUTURE. SAINT-JUST, opera a través de su escala titánica, un cambio de valor en la experimentación modernista: transforma cualquier veleidad del juego formalista en tarea heróica.

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